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Salvada desde Ayala



Con los primeros rayos de sol y la retirada de las nieves a finales de Marzo, nos acercamos hasta el valle de Ayala para juntarnos con nuestros compañeros de la casa rural Mendieta, que nos prepararon una ruta por aquella zona.
Este entorno por esas fechas es lo más semejante a la "petit suisse" o pequeña suiza, debido a lo verde que están los prados y el contraste con los montes y paredes de roca.
En esta ocasión, el recorrido previsto nos llevó por Sierra Salvada, hasta uno de los pasos o collados, y descendimos desde ahí por un sendero vertiginoso y espectacular.









Nos juntamos por la mañana en Menagarai, con nuestros compañeros de la casa rural Mendieta.
Tienen un entorno increíble, y más aun por estas fechas, con lo verde que están los prados y la primavera en su plenitud.

Nos enseñan su casa que  la tienen preparada de lujo e invita a uno a quedarse. Las habitaciones son increíbles y la tranquilidad practicamente se respira. Un lugar ideal para pasar unos días de descanso, con la posibilidad de realizar cualquier actividad: monte, bici, caballo,...que más se puede pedir si además lo tenemos aquí al lado.

En seguida nos pusimos en ruta, pasando por diferentes pistas o parcelarias, para coger la que nos llevaría a lo alto de la sierra Salvada.





Esta pista  supuso el reto del día ya que en algunos tramos supera el 25% de desnivel y llega hasta el 28% en su parte final.

 







Ya en la sierra la cosa se suavizó, pero encontramos algunos restos de nieve aun de las últimas nevadas.





Poco a poco, cruzando las praderas y pastos de la sierra, nos fuimos acercando al collado donde comenzaba la gran bajada.





Ya en el collado, que apenas se ve ya que está entre rocas, al cruzar la langa, vimos el "patio" que tiene en su primer tramo.
Nos calzamos las protecciones y nos echamos al sendero con mucho cuidadin ya que un traspiés en estos lugares puede ser fatal.

 



Algún tramo expuesto y muy suelto nos obligó a bajar a pata, pero enseguida el sendero se volvía transitable.







Bajamos a media ladera en una fuerte pendiente y un poco más abajo, dimos un giro a la izquierda para adentrarnos en el bosque siguiendo el divertido sendero que conduce al pueblo de Aguiñaga.





Desde aquí ya más relajadamente, bordeamos el embalse de Maroño, hasta el pueblo del mismo nombre.

Y finalmente desde Maroño, de nuevo a través de pistas, de vuelta a la casa Mendieta, estirando piernas y terminando de hacer hambre y sitio para una buena comida con la que reponer lo gastado y celebrar el día.




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