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Forasteros en Bigüezal


Las nubes que andaban por el norte últimamente coincidiendo con el día libre, nos han animado a desplazarnos hacia latitudes más al este, buscando un tanto más de sol. 
Pero también nos ha llevado a iniciarnos en descubrir senderos casi olvidados, que teníamos en mente ir alguna vez en su busca, en el territorio comprendido entre Lumbier, Domeño, Sierra de Illón y el pico de Arangoiti.



 





Comenzamos con un buen almuerzo tras el trayecto en furgoneta, algo que se está convirtiendo en habitual, cada vez que ahora vamos por allí, en la Tieta. Rústico bar que se puede comer casi de todo y rico.
Y es que cada vez vamos conociendo más lugares gastronómicos como geográficos de referencia en esta zona, que se añaden a nuestra lista de preferidos y forman parte del ritual de la ruta.




 




Así es, que estos recorridos partiendo tanto como de Lumbier como de Domeño, nos han llevado a visitar lugares como el mirador de la Foz de Arbayún, tanto el "artificial" del antiguo puerto de Iso, como el natural de la cima del monte Idorra. El dolmen de Faulo, o la desembocadura de la propia foz que el río Salazar ha labrado.



 









Sin olvidarnos del entrañable pueblo de Bigüezal, punto estratégico de nuestras rutas , ya que es por aquí por donde accedemos a los senderos tanto de la sierra de Illón, como los que encontramos en las faldas del Arangoiti.




 



Todo un adelanto para nuestra logística, que en un pueblo apartado como es este , la reciente apertura de una pizzería-obrador (El dolmen de Faulo), de la cual nos podemos abastecer en plena ruta de pizzas, bebida, café , birra y lo que hiciera falta...
..No como hacíamos hace no tanto , como auténticos forajidos , que llegábamos al pueblo, y directamente nos acercábamos al local de la sociedad en busca de saciar nuestra sed de garimbas. 
















Desde Bigüezal, encontramos el acceso a tradicionales senderos entre pueblos, parte de cañadas, y acceso a cimas y ermitas del entorno.
Unos caminos un tanto olvidados, a decir por la vegetación que los ha ido invadiendo y que les da un aspecto selvático, que nos ha llevado a vivir sensaciones propias de los orígenes del descubrimiento del prepirineo como patrimonio betetero. De cuando aún no se había inventado la motosierra ni la desbrozadora. Que tiempos aquellos...












Pero nos hemos podido ir abriendo camino , a veces encima de la bici y en otras no tanto con el pié a tierra, dejándonos prácticamente la piel (nunca mejor dicho), siguiendo la ambición por tratar de descubrir y conocer por donde nos llevarían.
Si realmente aun existían (y tal como existen), para poder revivirlos disfrutando de ellos montados, de la mejor manera, en nuestras Btt´s.





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